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La JMJ: Una mirada desde la sinagoga

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Rabino Gustavo Kraselnik junto a su compatriota, el papa Francisco.

Por: Rabino Gustavo Kraselnik

En agosto de 2016 se anunció que Panamá sería la sede de la próxima Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). Unas semanas más tarde, estando en Roma en una jornada de diálogo interreligioso, tuve la posibilidad de saludar al papa Francisco. Le agradecí la elección de Panamá para la próxima JMJ y le dije que los panameños nos sentiríamos profundamente honrados con su visita; él me respondió: “Yo o mi sucesor, pero el Papa va a estar ahí.”

La realización de la JMJ en nuestro país (la tercera en Latinoamérica) es un hecho histórico y sumamente significativo por diversas razones. Colocará a Panamá en el centro de la atención mundial durante varios días, con noticias positivas y proyectando una imagen que resaltará nuestros mejores atributos.

Traerá al país decenas de miles de jóvenes que además de su vivencia espiritual en el marco de la JMJ van a conocer la belleza de nuestros paisajes y la calidez de nuestra gente. La intensidad de la experiencia les dará una conexión profunda con Panamá y eso los convertirá en agentes multiplicadores de nuestras bondades.
Si bien es una celebración principalmente de la grey católica, al ser el nuestro un país cuya mayoría profesa esa fe, es comprensible el entusiasmo que se percibe en vastos sectores de la sociedad. Sumado a eso, la presencia del Papa – con lo que representa como líder de la Iglesia y su reconocimiento como uno de los principales actores de la escena mundial – le da una notabilidad a la JMJ que de alguna manera nos atraviesa a todos los panameños.

En nuestro caso particular, decidimos abrir la congregación Kol Shearith Israel para alojar a 50 peregrinos. Es una de las formas que encontramos de aportar nuestro pequeño granito de arena por el éxito del evento. Es posible que a primera vista puede sonar un poco extraño (va a ser interesante escuchar las reflexiones de los jóvenes visitantes al ser alojados en una sinagoga cuando vienen a un evento católico) pero también es un testimonio de las excelentes relaciones que tenemos con la Iglesia y sus autoridades a nivel general y en particular con nuestros amigos de la Parroquia San Lucas, aquí en Costa del Este.

Hemos sido testigos del esfuerzo y del cariño que ellos y tanta gente a lo ancho y largo del país han puesto en este extenso recorrido de preparación y personalmente estoy convencido que la JMJ será una experiencia sumamente enriquecedora para todos.

“Yo o mi sucesor, pero el Papa va a estar ahí.” Si tengo la posibilidad de saludar nuevamente al papa Francisco le recordaré esa respuesta que me dio hace más de dos años, le diré que me da gusto que sea él quien visite nuestro país y le agradeceré aquellas palabras – siempre tan atinadas – que nos invitan a tener presente que hay circunstancias en donde la relevancia del acontecimiento debe trascender las cuestiones coyunturales.