Han transcurrido diez años desde la inesperada partida de Emilio Antonio Royo Cummings, un joven abogado, servidor público y deportista cuyo nombre sigue evocando compromiso, liderazgo y vocación de servicio en Panamá.
Su muerte, ocurrida el 3 de julio de 2016 en un accidente de tránsito en la autopista Arraiján–La Chorrera, conmocionó al país. Tenía apenas 35 años y atravesaba uno de los momentos más prometedores de su carrera, desempeñándose como secretario general del Ministerio de Seguridad Pública, cargo que había asumido pocos días antes, tras ejercer también como viceministro encargado. Anteriormente había ocupado la Secretaría General de la Autoridad Nacional de Administración de Tierras (ANATI), donde dejó una imagen de funcionario preparado y cercano a la ciudadanía.

Abogado de profesión y convencido de que la preparación era una herramienta para transformar el país, Royo complementó su formación académica con estudios en administración de negocios. Quienes compartieron con él recuerdan a un hombre inquieto, disciplinado y siempre dispuesto a asumir nuevos desafíos.
Pero su historia trascendía los despachos oficiales. El deporte ocupó un lugar esencial en su vida. Fue futbolista, ciclista, basquetbolista y una de las figuras impulsoras del fútbol americano en Panamá, disciplina en la que también ejerció como entrenador y dirigente. Su pasión lo llevó a trabajar por el fortalecimiento de esta práctica deportiva y por la construcción de mejores espacios para las nuevas generaciones.
Su compromiso con la educación fue igualmente notable. Durante su gestión impulsó programas de pasantías para estudiantes de Derecho de la Universidad de Panamá, convencido de que la formación de los jóvenes debía ir acompañada de oportunidades reales para desarrollarse profesionalmente. Ese programa, que posteriormente llevó su nombre, se convirtió en parte del legado que dejó a futuras generaciones.
La noticia de su fallecimiento generó numerosas expresiones de pesar en los ámbitos político, deportivo y social. Familiares, amigos y compañeros coincidieron en destacar su capacidad de liderazgo, su calidad humana y su permanente disposición para servir al país.
Diez años después, Emilio Antonio Royo Cummings continúa siendo recordado no solo por los cargos que ocupó, sino por la intensidad con la que vivió cada uno de sus proyectos. Su historia demuestra que el legado de una persona no siempre se mide por el tiempo que permanece en la vida pública, sino por la huella que deja en quienes compartieron su camino.
Su nombre sigue presente en iniciativas educativas, actividades deportivas y en la memoria de quienes lo conocieron como un joven que hizo del servicio, la preparación y la pasión por Panamá el eje de su vida.




