La situación de las aceras en la ciudad de Panamá muestra tal complejidad que su recuperación requiere de un plan gubernamental y una convergencia de esfuerzos y recursos para obtener un cambio real, sustancial y efectivo en esta materia.
Sin duda es loable el esfuerzo que hacen los vecinos y los gobiernos locales para destinar porciones del presupuesto asignado vía descentralización o asignación directa, para recuperar tramos de acera de 100 metros o un poco más, iniciativas que se ven minimizadas por las dimensiones del problema y el deterioro que durante años ha acumulado toda esta infraestructura pública.
En San Francisco la situación es crítica, muchas calles y avenidas muestran aceras deterioradas y hasta abandonadas, en otros casos las aceras no existen o se han convertido en el parqueadero de establecimientos comerciales u oficinas públicas y privadas que no cuentan con estacionamientos.

Ángel Arauz, residente de San Francisco Centro, nos hizo un inventario mental de todas las calles cuyas aceras están en mal estado y asegura que por más obras que la comunidad apruebe para la recuperación de estos espacios, nunca será suficiente para lograr el cambio que se requiere.
Los vecinos coinciden en que hace falta una coordinación real entre todas las instancias que manejan el tema, para que los recursos se fusionen y se desarrolle un plan conjunto y coordinado de recuperación y construcción de nuevas aceras, que éstas sean uniformes y la ciudad tenga esa armonía urbana de la que tanto se ha hablado, y el objetivo más preciado en este caso como lo es la seguridad de los ciudadanos.
En medio de esta realidad, líderes de gobiernos locales, municipales y nacionales vienen hablando de caminabilidad, de hacer de Panamá una ciudad una ciudad caminable, no obstante, se hace difícil lograrlo cuando trabajamos esa caminabilidad por tramos aislados y no mediante un proyecto conjunto de gran magnitud que ofrezca la transformación que se necesita.






