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Ámsterdam: ciudad de privilegios y desenfrenos

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Rembrandtplein rinde honores a una de sus principales figuras de la historia y es lugar predilecto para fotos y recreación

En esos días de invierno el sol suele quedarse dormido; las ocho de la mañana pueden parecer las tres de la madrugada y la temperatura, si es benévola, te puya los huesos con sus siete grados Celsius.

Es Ámsterdam en una mañana cualquiera de enero, una ciudad de más de 900 años que evolucionó de un pequeño pueblo pesquero a la ciudad más grande y capital de los Países Bajos. Más allá del atractivo turístico que engendra su tradición histórica, esta “Venecia del norte”, como suele llamársele por los más de 100 kilómetros de canales de agua y los más de mil 500 puentes que la enlazan, es también una referencia internacional en materia financiera y cultural.

Historia viva

El urbanismo es un atractivo en sí mismo. Es una ciudad planificada, imaginada y construida en función de su realidad geográfica. Como la mayoría de las ciudades europeas, el recorrido por el centro histórico de Ámsterdam brinda imágenes infinitas que recopilan siglos de existencia. En toda su extensión confluyen episodios medievales, la guerra de los 80 años, la edad de oro del siglo XVII, las guerras napoleónicas y la invasión nazi, que dejó, entre tantas huellas tristes y dolorosas, el legado histórico de Ana Frank; y ahora la floreciente historia contemporánea que muestra una urbe moderna, dinámica, sólida en sus finanzas y a la vez libertina y permisiva, lo que incrementa su atractivo ante los ojos del mundo.

Mucho que ver

Un selfie encaramado en un puente con el atardecer a espaldas y un bote surcando el Amstel es algo más que un sueño para quienes anhelan conocer esta ciudad. En sus calles perfectas, conviven un circuito continuo de ciclistas que se cruzan casi que en automático con carros y peatones y que muestran una ciudad viva, aderezada por su exquisita gastronomía donde despunta la infinita variedad de quesos, comidas a base de papas, beschuits y cervezas.

En el centro de Ámsterdam, en Prinsengracht, justo detrás de la torre de Westerkerk (iglesia del oeste) una larga fila de personas aguardan su turno para visitar uno de los espacios preferidos por los turistas, la casa signada con el número 263 y su vecina, la 265, donde en 1960 se inaugura como museo que guarda la historia de la joven judía Ana Frank.

En este edificio se ocultó la autora de una de las obras más versionada de la historia, El Diario de Ana Frank. Allí permaneció durante dos años y un mes junto a su familia (sus padres y su hermana Margot); la familia Van Pels y Fritz Pfeffer, hasta que fueron traicionados por un anónimo, detenidos por los nazis y enviados a los campos de concentración donde murieron todos, excepto su padre, Otto Frank, quien se encargó posteriormente de publicar la obra de su hija menor y fundar el museo.

Otros espacios como el Museo de la Casa de Rembrandt, el Museo de Van Gogh, el museo de Cera Madame Tussaud y una gran cantidad de plazas públicas, monumentos arquitectónicos y parques, complementan este viaje mágico por la capital neerlandesa.

Ciudad de “libertades”

El tratamiento que los Países Bajos aplican a algunos temas “tabú” como la prostitución, las drogas y la homosexualidad le han dado la fama a Amsterdan de ciudad de la tolerancia, sin embargo, son asuntos propios de su cultura, controlados por el Estado, bien identificados y muy atractivos para el visitante. Entre los más conocidos lugares donde se puede vivir esta realidad se encuentra el Barrio Rojo, en pleno centro de Amsterdam, donde bajo el influyente resplandor de las luces carmesí, se descubren vitrinas que exhiben prostitutas mostrando sus atributos a quienes circulan por sus calles. Verdaderos ríos de hombres y mujeres circulan a diario por esta zona, algunos movidos por la curiosidad, otros buscando nuevas aventuras.

Los Coffee Shops abundan en Ámsterdam, que son sitios de encuentro donde las personas mayores de edad pueden adquirir y consumir libremente una porción regulada de marihuana (5 gramos diarios). Son lugares muy visitados y su actividad genera buenos recursos al Estado.

En sus áreas de “tolerancia”, Ámsterdam muestra una infinidad de opciones, entre ellas sitios de ambiente gay, como el Club It, el más grande de Europa, y una gran cantidad de establecimientos donde homosexuales suelen divertirse a sus anchas. Pese a que ésta cultura es común en muchas ciudades del viejo continente, Ámsterdam es considerada hoy día la ciudad gay más importante en la región.

Ámsterdam es uno de esos destinos donde la frase “de todo un poco” es la que mejor define su amplia gama de ofertas para el viajero, su cultura de servicio, la calidad de su oferta gastronómica y hotelera, así como la atención de su gente, son motivos más que suficientes para incluirlo en esos planes vacacionales en el corto plazo.