Tiempo Libre

Sienta el sabor de la pascua en el Mercado de Mariscos

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El sol pernocta sobre el Pacífico tempranero. La Cinta Costera con su belleza ilimitada, es el largo pasadizo para llegar hasta un lugar perfecto para etiquetar un buen fin de semana: el recién remozado Mercado de Mariscos, que recibe entre sábados y domingos, miles de visitantes, imanados por la variedad de los productos y el sabor de los platos marinos, tanto es así que más de 20 mil personas, entre panameños y turistas acuden cada mes al lugar, según estima la Alcaldía de Panamá.

La tradición católica pide el ayuno de carnes durante estas fiestas de Semana Santa, por lo que este espacio multiplica su actividad. Los feligreses llegan antes que despunte el Sol para comprar pescados y mariscos que vestirán sus mesas y unirán a las familias. Es que no hay mercado como éste para encontrar cualquier especie del mar bien fresca, recién llegada gracias a los pescadores que atracan en el lugar para descargar su mercancía. Los precios son también los mejores, entre 2,50 y 4 balboas el kilogramo de langostino, atún, mero, cazón, tilapia, merluza, corvina, mero, langostas y mix de mariscos.

Casi todas las personas que van, por lo menos un cebiche o un cóctel de mariscos comen pero hay unos 50 pequeños restaurantes, tipo chiriguitos y cebicherías en este mercado, con precios que oscilan entre 2,50 balboas (el vaso) y 22 dólares (el galón), en el caso de los cebiches, y entre 7 y 12  por la corvina frita con patacones y ensalada, siendo éste el favorito de los comensales, quienes también toman sodas y cervezas bien frías para aclimatar el ambiente caluroso y húmedo. La música típica y tropical suena a volúmenes alegres pero ensordecedores, mientras la brisa marina hace de las suyas, agigantando la dicha que a veces se encoge.

Foto: Nervis Araujo Rincón

El lugar está enmarcado en la sencillez, muy cerca del Casco Viejo, pegado a la Cinta Costera y al Pacífico, con una mirada al cerro Ancón, que exhibe orgulloso la bandera panameña; las aves zigzaguean en el cielo, mientras  pescadores y vendedores pasan las horas en su faena,  con canastas rebosantes de pescados, destilando olor y aguahasta que el día se acuesta a dormir.