Cultura

Hena González de Zachrisson: “Un cuento cumplió su misión cuando ya tiene las puntas torcidas”

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Texto y fotos: Andreína Rodríguez González

Nacida en Colón el 17 de enero de 1933, Hena González de Zachrisson hace vida en Ciudad de Panamá residiendo en el céntrico sector de Obarrio. De oficio traductora pública fue a través de su atracción por las artes plásticas que conoció a su esposo, Iván Zachrisson, un virtuoso ceramista y hermano del máximo exponente del surrealismo panameño, Julio Zachrisson.

El retiro: una nueva vida

Luego de 30 años de ejercer su carrera, la etapa de la jubilación llega para Hena como una nueva oportunidad, no solo para disfrutar de sus nietos, sino también “para cumplir anhelos pendientes”.

Vivir en un entorno donde reinaba el arte, nutrió aún más su espíritu creativo. De allí surge su primera obra, “Coloreando Panamá” (1986), un libro de ilustraciones que rinde tributo al folclor panameño, rompiendo con los estereotipos de franquicias de cómics anglosajones.

La abuela de Panamá

Reconocida por sus hijas como una gran cuentacuentos, es junto a sus nietos cuando nacen sus primeras obras escritas. Comenzando con “Chispita y Paquita” (1988), su primer proyecto literario que, enseñando a los más pequeños a mantener el optimismo, le hizo acreedora de su primer reconocimiento.

“Ni siquiera la vimos buscando patrocinio. Cuando surgieron los premios, llegaron todos los demás a ofrecerle respaldo. Ella es de las que le gusta labrar su propio camino”, la describe su hija Minca.

Descrita por sus hijas como una mujer altruista, Hena emprendió una nueva aventura de escribir, editar, ilustrar e imprimir sus propias obras. “Ella tenía guardados un montón de cuentos como para hacer una vida después de esa vida”, comenta Liana.

Surgen así “La piñata y otros cuentos” (1992), “Una esperanza para Nicasio” (1993), y el popular “Guacamayo” (1995, 1997, 2000), la historia de una pícara ave que decide ganarle al arcoíris sus increíbles colores, conquistando virtudes.

“Nos sorprendimos al enterarnos que las privadas de libertad se habían inspirado en esta obra para organizar actividades que cumplieran con valores para lograr reducir su condena”, comentó Liana, proyecto al que Hena cedió sus derechos de autor para desarrollar su programa de audiolibros “Mi Voz para tus Ojos”.

Promotora de la lectura infantil

En el año 2001 trae a Panamá el Programa Internacional de Acercamiento a la Literatura Infantil PIALI, organización que llegó a presidir. Asimismo, estuvo a cargo de ilustrar los suplementos de impresos en el diario La Prensa.

Paralelamente, se valió de los servicios que prestaba la biblioteca nacional, sin embargo, su labor al inicio se hizo cuesta arriba por el escaso aporte a la literatura infantil panameña, hace unos 20 años atrás.

“No había espacios para la lectura. Parecía que esta actividad no estaba hecha para los niños. Qué mal me sentí al regresar al hospital donde había donado decenas de cuentos y al año me los mostraron intactos”, recuerda doña Hena.

De esta vivencia surgió su célebre frase “sabes que un cuento cumplió su misión cuando ya tiene las puntas torcidas”. “Darle al niño un papel activo en las historias, es sembrar la semilla de un lector vivo”, así, desarrolló una serie de actividades que llamó “Preguntas a Neruda”, siendo el libro “Cosas de niños y niñas” (1998) el resultado de éstas y que le valieron honores del programa de las Naciones Unidas PNUD.

Con solo una veintena de obras editadas, al menos otro centenar esperan por salir a la luz pública, lo que indica que ahora apenas comenzamos a conocer el fantástico mundo de Hena González de Zachrisson.

FRASES DE HENA:

Cuando los niños ven que pueden pintar los cuentos, sienten que pueden hacerlos propios”.

“Darle al niño un papel activo en las historias, es sembrar la semilla de un lector vivo”,

“Pero si un cuento es para que los niños los tomen, no son para ser exhibidos. El mayor placer de un escritor es tenerlos que reemplazar por desgaste”.

“Si un cuento infantil está impecable, es porque nadie lo leyó”.