Reportajes Especiales

Marie Kearney: “Espero no abrumar a nadie con mi lista de desgracias”

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“Odio lo que tengo que hacer para ganarme la vida. Me despierto con miedo cada mañana y me pregunto cómo podré enfrentar otro día mendigando en la calle. Mi vida es una pesadilla de la que no parece que pueda despertar. Quiero salir de las calles”. Estas líneas erizan la piel y causan un dolor amargo a cualquier ser humano de buen corazón.

Son palabras que salen del sufrimiento que vive cada día Marie (María) Kearney, la señora que siempre vemos en la vía Israel, en las inmediaciones de Multiplaza, con su sombrero, esperando recibir algunas monedas de parte de los conductores, pero estas monedas cada vez son menos y ella cada día se siente peor física y emocionalmente.

María está totalmente sola, vive en un cuarto que está en un sótano, donde ni siquiera tiene una estufa para poder prepararse alimentos.

En San Francisco News conversamos con ella y, a través de un e-mail nos contó un poco sobre su situación y su historia. Es bueno decir que tiene una ortografía y fluidez impecables.  “Disculpen mi demora en escribir este artículo para ustedes. Me ha resultado doloroso hacerlo, sin embargo, ha sido necesario para recibir la ayuda que necesito y que espero obtener a través del artículo en el periódico y así poder salir de la calle. Espero no abrumar a nadie con mi lista de desgracias.

Estoy sola y asustada todo el tiempo y realmente aterrorizada de lo que me sucederá cuando ya no tenga fuerzas para trabajar en la calle. Tengo 74 años y mi salud está deteriorándose”.

Comenta, con notable tristeza, que la gente cree erróneamente que mendigar es fácil. Piensan que solo te paras allí y recoges dinero, y “en realidad, trabajar en la calle es muy duro. Estoy en constante movimiento durante horas, luchando contra el sol, el calor y el agotamiento”.

En sus líneas no olvidó agradecer a Dios de todo corazón por la amabilidad y generosidad de las personas que le dan dinero en la calle; también bendijo a cada una de estos seres buenos que son su sustento.  “Sin ellos no tendría nada, estaría muerta. Todo lo que tengo viene de Dios que está en el cielo a través de estas maravillosas personas que son sus verdaderos servidores. Una mujer poco amable me dijo una vez: «Nada te llegará del cielo», pero, en verdad, sí me llega cada día”.

Hay personas que lo tienen todo: hogar, familia, comida, dinero y no son tan agradecidas con Dios por la vida y lo que tienen, como sí lo es Marie Kearney, mujer nacida en Panamá y de padres norteamericanos quien vivió un tiempo en abundancia, incluso, dice haber perdido más de un millón de dólares. “Perdí todo el dinero que heredé de mis padres en malas inversiones. Me gustaría recuperar la prosperidad nuevamente y vivir como lo hacía antes de perder mi dinero”.

“Algunas personas son maravillosas, me dan dinero y me desean lo mejor y me bendicen. Desafortunadamente, hay prejuicio contra quienes  mendigan en la calle. Otros son muy crueles y soy objeto de abuso verbal; me juzgan injustamente y piensan que, como estoy pidiendo dinero en la calle, debo ser estúpida, loca o una ladrona, tal vez  una alcohólica o drogadicta. No soy ninguna de esas cosas. Mi gran falta, mi gran defecto es la pobreza. La pobreza que soporto es terrible y no puedo aceptarla ni adaptarme a ella, y la soledad es peor. Desearía tener a alguien que me amara y quisiera cuidar de mí. No puedo creer lo bajo que he caído”.

Comenta que hay gente que le  da comida y bebidas, que una vez alguien le dio un agua y  que está segura de que tenía una especie de veneno, pues desde que tomó se enfermó y su salud se ha deteriorado bastante, pero en ningún centro de salud la han ayudado a determinar si realmente recibió un tóxico. “El veneno estaba formulado de tal manera que todavía retengo algo de éste en mi cuerpo. No puedo encontrar ninguna instalación médica en Panamá que pueda hacer pruebas para comprobar lo que digo”.

En su elocuente exposición, Marie Kearney pide ayuda a los cuatro vientos para obtener un trabajo estable que le permita recuperar la normalidad. Ella espera que alguien pueda considerar su disposición y aptitudes y para ello nos comparte su correo, con la esperanza de recibir alguna propuesta de trabajo: [email protected]. También menciona que quien desee ubicarla puede hacerlo en la zona donde suele estar a diario (Vía Israel, a la altura de Multiplaza).

“Desearía poder vivir una vida normal de nuevo. Desearía poder vivir en una casa real o en un apartamento de nuevo. Estoy tratando desesperadamente de encontrar otra forma de ganar dinero, para finalmente poder salir de la calle. Creo que los únicos trabajos que podría hacer serían como acompañante o asistente personal de alguien. No quiero seguir subsistiendo, quiero seguir existiendo”.