Reportajes Especiales

Hace 198 años Panamá albergó la esperanza de la unión iberoamericana

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En el momento cumbre de las revoluciones independentistas hispanoamericanas, cuando Simón Bolívar y el mariscal Antonio José de Sucre acababan de liberar al Alto Perú, hoy Bolivia, último bastión del realismo español en el continente, se podía decir que toda la América hispana era finalmente libre, luego de décadas de sangrientas guerras contra el poder colonial.

A partir de allí, El Libertador señala el camino hacia la consolidación de la verdadera unidad latinoamericana en el que Panamá jugaría un papel preponderante. Ideó Bolívar la estrategia de convocar una reunión de alto nivel donde participaran representantes de los recién establecidos gobiernos de los pueblos iberoamericanos, desde México hasta Chile y Argentina.

Parecía llegado el momento de consolidar y cimentar sobre bases firmes la decena de jóvenes repúblicas que acababan de nacer. Era la hora de construir y dejar atrás la fase destructiva que toda revolución conlleva. Había que unirse y reforzarse, pues los peligros acechaban a los inexpertos estados: la anarquía interior, la posibilidad de invasiones de reconquista por parte de Fernando VII apoyado por la Santa Alianza europea, la voracidad comercial del imperio británico y de los ya temibles Estados Unidos.

Así convocó Simón Bolívar un 22 de junio de 1826, hace 198 años, el gran Congreso Anfictiónico realizado en Panamá, donde se trazarían los lineamientos de una nueva confederación que uniría a la Gran Colombia con la Federación Centroamericana y las naciones del Sur.

A la par de ser el gran sueño de unidad promulgado por Bolívar, el Congreso Anfictiónico de Panamá fue el comienzo de su fracaso. Esta magna asamblea donde se debía fundamentar una gran nación que, por extensión, población y riquezas naturales jugaría un papel de primer orden el mundo, puso al descubierto todas nuestras debilidades.

Frente a la gran capacidad visionaria del Libertador, se opusieron los intereses miopes y mezquinos de las oligarquías regionales, de latifundistas y comerciantes supeditados a los capitalistas extranjeros y de traidores con exacerbadas ambiciones políticas que sabotearon la propuesta de unidad latinoamericana.

 

¿Panamá el lugar ideal?

 

La iglesia San Francisco de Asís fue el lugar donde los delegados del Congreso Anfictiónico deliberaron durante 24 días.

En su Carta de Jamaica, Bolívar escribió: “¡Qué bello sería que el Istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos! Ojalá que algún día tengamos la fortuna de instalar allí un augusto congreso de los representantes de las repúblicas, reinos e imperios a tratar y discutir sobre los altos intereses de la paz y de la guerra, con las naciones de las otras partes del mundo. Esta especie de corporación podrá tener lugar en alguna época dichosa de nuestra regeneración; otra esperanza es infundada, semejante a la del abate de St. Pierre, que concibió el laudable delirio de reunir un congreso europeo para decidir de la suerte y de los intereses de aquellas naciones”.

Cuando se discutía sobre la elección del sitio para realizar el Congreso Anfictiónico, Bolívar lo sustenta en los siguientes términos: “Parece que si el mundo hubiese de elegir su capital, el Istmo de Panamá sería señalado para este augusto destino, colocado, como está, en el centro del globo, viendo por una parte el Asia, y por la otra el África y la Europa. El Istmo de Panamá ha sido ofrecido por el gobierno de Colombia, para este fin, en los tratados existentes. El Istmo está a igual distancia de las extremidades; y, por esta causa podría ser el lugar provisorio de la primera asamblea de confederados”.

A pesar del afán y los argumentos de Bolívar, en esos tiempos Panamá no poseía las condiciones sanitarias y ambientales propicias como para representar un lugar cómodo y seguro para los asistentes, lo cual se confirmó con la descomunal invasión de mosquitos que atacarían sin piedad a los delegados, produciendo en su séquito más de una muerte por malaria y fiebre amarilla, las deliberaciones se hicieron aunque la situación los llevó a apresurar los debates, tomar decisiones superficiales y reconvocarse para o volver a verse en otro lugar más benigno.