La Palabra por Miguel Angel Ciaurriz

Dios es misericordia

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"La Puerta Santa es el encuentro del dolor de la humanidad con el perdón de Dios" Papa Francisco

La misericordia debe ser la esencia de la vida cristiana porque es la esencia misma de Dios. ‚ÄúEl nombre de Dios es misericordia‚ÄĚ, dice el Papa Francisco.

En la convocatoria que hizo a toda la Iglesia a un a√Īo Jubilar de la Misericordia el Santo Padre nos dec√≠a que la mejor manera de celebrar este A√Īo Santo es poner en pr√°ctica las obras de misericordia. ‚ÄúEs mi vivo deseo, dice, que el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Ser√° un modo de despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza‚ÄĚ.

Ciertamente, este A√Īo Santo est√° sirviendo para que las obras de misericordia que durante un buen tiempo, varios siglos atr√°s, no tuvieron muy buena prensa, sobre todo por la influencia protestante que insist√≠a mucho en que la salvaci√≥n no depende de nuestras obras, vuelvan a ocupar el centro en la vida de los cristianos que quieren seguir los pasos de Jes√ļs.

Medit√°ndolas nos daremos cuenta de que son evangelio puro porque nacen de las entra√Īas de la ense√Īanza de Jes√ļs y van mucho m√°s all√° de la pr√°ctica de simples acciones piadosas de los cristianos. En realidad, hoy no podemos ser cristianos si no somos misericordiosos.

Las obras de misericordia se inspiran o nacen del texto del evangelio de Mateo en el que Jes√ļs nos adelanta c√≥mo ser√° el Juicio Final de las naciones, un juicio que para unos ser√° de bendici√≥n y para otros de maldici√≥n. La diferencia la marcar√° justamente la misericordia que hayamos practicado.

En el pasaje que se recoge en el cap√≠tulo 25 del evangelio de Mateo, Jes√ļs dice que para Dios la diferencia entre la maldici√≥n o la bendici√≥n final estar√° en que hayamos dado de comer al hambriento, de beber al sediento, en que hayamos brindado hospedaje al extranjero, vestido al desnudo y visitado al enfermo y al privado de libertad.

Aqu√≠ nacieron las siete obras de misericordia que hoy calificamos como corporales. Mucho m√°s tarde, en el Medievo, a estas siete se a√Īadieron otras siete que denominamos espirituales. Como bien han apuntado algunos maestros de la espiritualidad, en realidad, las obras¬† de misericordia bastar√≠a que fueran siete, como siete son los sacramentos y siete los dones del Esp√≠ritu Santo, y que a cada una de ellas se le diera una dimensi√≥n corporal, o material, y otra espiritual. En este sentido, San Agust√≠n habla de buenas obras que afectan al cuerpo del pr√≥jimo y buenas obras que afectan al alma. Incluso a√Īade una d√©cimo quinta que es <<despertar al dormido>>. Santo Tom√°s de Aquino, por su parte, se refiere a ellas como <<limosnas corporales y espirituales>>.

Estas siete, o catorce, obras de misericordia las debemos poner en pr√°ctica porque cada una de ellas viene como a resta√Īar, a sanar las heridas que hacen dolorosa y sufriente la vida del hombre de hoy y de siempre. Tienen ese poder.

Por eso las obras de misericordia examinan nuestra vida cristiana, o por decirlo de otra manera, miden nuestra entrega a los pobres, a los que est√°n en necesidad y a quienes nosotros podemos auxiliar.

Y para ser misericordiosos tenemos que contemplar a Dios como misericordia. Viendo c√≥mo Dios Padre es misericordioso con todos, pero preferentemente con sus hijos m√°s necesitados, comprenderemos que la √ļnica manera de ser seguidores de Jes√ļs es practicando con los pobres la misericordia que √Čl practic√≥ con ellos. La misericordia de Dios reproducida en Jes√ļs es el fundamento y la referencia para la misericordia humana.

Seamos misericordiosos como Dios, nuestro Padre, es misericordioso.