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Presidente Varela visitó Congregación KSI de CDE

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La Congregación Kol Shearith Israel, conformada por unas 250 familias, es la comunidad judía más antigua de Panamá, con una larga trayectoria y participación activa en la vida nacional | Foto: AR

 

La celebración de los 140 años de vida judía en Panamá transcurrió con una ceremonia que, a pesar de la solemnidad  del acto y la envergadura de sus invitados, se caracterizó por un muy sentido y cálido ambiente de familiaridad, emociones y orgullo por el motivo del evento, aún para aquellos asistentes quienes no compartían la cultura hebrea.

El Presidente de la República se dirigió a los presentes: comunidad judía, altos representantes religiosos, gubernamentales y diplomáticos, y reconoció el significativo aporte de la comunidad hebrea a Panamá.
El Presidente de la República se dirigió a los presentes: comunidad judía, altos representantes religiosos, gubernamentales y diplomáticos, y reconoció el significativo aporte de la comunidad hebrea a Panamá.

 

El Jefe de Estado, Juan Carlos Varela, sentado a un lado del presidente de la Congregación Kol Shearith Israel, Moisés Abadi Maduro y a pocos metros del rabino Gustavo Kraselnik,  participó de toda la ceremonia.

Moisés Abadi Maduro: “…Ejemplos emblemáticos de los aportes del pueblo judío a Panamá han sido la creación de nuestro segundo himno llamado Marcha Panamá (por Eduardo Maduro) y el haber contado con dos Presidentes de la República, también miembros de nuestra casa” | Foto: AR
Moisés Abadi Maduro: “…Ejemplos emblemáticos de los aportes del pueblo judío a Panamá han sido la creación de nuestro segundo himno llamado Marcha Panamá (por Eduardo Maduro) y el haber contado con dos Presidentes de la República, también miembros de nuestra casa” | Foto: AR

Acompañó a quienes tuvieron el privilegio de “pasear la Torá” luego de que fue sacada del Arca y acercada a los feligreses, y dirigió unas muy emotivas palabras al reconocer que en ese día en particular, tras atravesar momentos difíciles inherentes a su cargo, este acto le había traído paz y tranquilidad. Solicitó permiso para leer el último párrafo de La Amidá que es una de las plegarias más importantes del servicio: “Dios mío, preserva mi lengua del mal y mis labios de la mentira. Haz que mi alma permanezca en silencio frente a los que me maldicen; que mi persona sea para todo humilde. Abre mi corazón con tu Torá, y haz que mi alma persiga tus preceptos. En cuanto a todos aquellos que buscan mi malestar, apresúrate a anular sus designios y a frustrar sus intenciones. Hazlo por tu nombre; hazlo por tu diestra; hazlo por tu santidad; hazlo por tu Torá. Para que los que te aprecian puedan ser liberados, ayúdame con tu poder y respóndeme. Que las palabras de mi boca y las meditaciones de mi corazón sean aceptadas ante ti, Adonai, mi fortaleza y mi redentor. Que el que hace la paz en tus alturas, haga él la paz sobre nosotros, sobre todo Israel, sobre todo la humanidad y digamos: amén.

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