Tiempo Libre

En Portobelo la naturaleza se expresa en voz alta

En el corazón de la montaña, debajo del mar, en los ríos, en las casas de la gente, en las historias de emprendedores, hay mucho por descubrir

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Foto: Edwin Gerka

La primera vez que estuve en Portobelo creí haberlo conocido bien. No tenía porque dudarlo, ya que seguía las recomendaciones de guías, libros y folletos que busqué. Aquella primera vez había venido a Panamá  principalmente para realizar un reportaje especial de  Guna Yala, (kuna en aquel entonces), pero planifiqué la agenda a modo de aprovechar el viaje para ver y fotografiar algunos otros puntos de la geografía itsmeña; entre esos estaba Portobelo. Recuerdo que salí de la ciudad y al llegar a Sabanita dudé un poco al principio pero confirmé la ruta y me dejé llevar. Entonces, minutos después el paisaje comenzó a cambiar; a descubrirse, a mostrarse, para convertirse por tramos en una ruta con vistas muy agradables. Reconozco los detalles discordantes pero decidí honrarlos también.

Caminé por las ruinas a la entrada del pueblo, visité la figura del Cristo Negro, comí en varios lugares muy buenos; conocí la cultura y el baile de Congos, recorrí la antigua Casa de la Aduana española y había logrado muy buenas fotos.

El planeta dio un par de vueltas al sol con todos nosotros a bordo y regresé a Panamá y me gustaba mucho venir por la “Costa Arriba» y entonces más creí que conocía Portobelo. Inclusive, a veces hacía un alto sencillamente para comprar el pan de la señora Tatiana, porque siempre ha sido delicioso o a tomar alguna foto más y ya toleraba los contrastes sin juzgar. Pero ahora sé que hay mucho más. En el corazón de la montaña, debajo del mar, en los ríos, en las casas de la gente, en las historias de emprendedores y en las leyendas personales. Aquí todo parece expresarse en alta voz. La lluvia habla. El Sol sobre el horizonte cuenta cuentos en las tardes, los barcos moribundos en la bahía, los rostros dorados de algunos o los cabellos despeinados de otros, la manera de caminar de las mujeres o en el grito lejano de los monos aulladores.

Regresé varias veces a la costa Atlántica y pasaba por Portobelo camino a Isla Grande o invitado por amigos a navegar en velero que a veces estaban fondeados en Puerto Lindo o más allá de Nombre de Dios. En ocasiones me detenía para hacer más fotos o comprar más pan pero siempre la vista se me iba hacia las montañas o al otro lado de la bahía donde me decían que había playas muy lindas y pensé que un día debía ir a verlas; mi deseo era  navegar hasta ellas en Kayak pero no tenía uno. También escuchaba hablar de ríos, quebradas y cascadas en el bosque pero aún no sabía cómo ni con quien ir si tenía la oportunidad.

Volví a marcharme; pero transcurrido un tiempo, por cosas del destino me encontré otra vez en Panamá. En esta oportunidad junto a un amigo que hacía un viaje por Centro América. Nos hospedamos en un hostal y restaurante aproximadamente a un kilómetro y medio de la entrada del pueblo y fue la primera vez que pernocté en Portobelo. Estando aquí mi amigo me habló de un fotógrafo de naturaleza que además ofrecía tours en Kayak a ríos, manglares, playas e islas dentro del Parque Nacional Portobelo y que además ayuda a explorar a los visitantes el Parque Nacional de Portobelo. Lo contactamos y acordamos enseguida hacer unos recorridos. Así conocimos a Jaison de «Portobelo Adventures». Nos guió también por estupendas rutas y senderos de las montañas y nos enseñó su extensa colección de magníficas fotografías y videos propios de lugares, fauna y flora. Fue así que un plan de pocos días se convirtió en un mundo de experiencias muy variado, exótico y natural en el fascinante entorno de esta maravilla llamada Parque Nacional Portobelo.

De los ríos, playas, bosque y manglar; del mundo animal local, la exótica vegetación y también de los personajes, lugares y actividades les iremos contando en lo sucesivo. Por ahora los invito a que se levanten del sofá, se separen de la TV y de la rutina y vengan a Portobelo.

Foto: Edwin Gerka
Foto: Edwin Gerka