EDITORIAL: Sea serio, lo estamos grabando

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    Los avances tecnológicos nos han permitido alcances infinitos, desde lo más cotidiano hasta lo más complejo e inimaginable. Lo que se ha inventado para atender un requerimiento específico suele servir para muchas otras cosas. Así, este contexto, vivimos en una escena permanente, con luces, cámaras y micrófonos encendidos que hacen cada vez más difícil la privacidad y una vida enmarcada en la discreción.

    La frase, “sonría que lo estamos grabando” no es un eufemismo, en cualquier lado que te encuentres te están observando. Para estar seguros de ello basta ver el polémico video tomado con un teléfono donde se aprecia la imagen de una dama en el justo momento en el que hace sus necesidades en un baño de un conocido restaurante de la ciudad. Este sitio presumía de sus detalles decorativos, incluyendo un vidrio biselado que hacía las veces de la pared de uno de los servicios. Y esto fue hace unos años atrás, lo que tenemos ahora escapa de nuestra imaginación.

    Lo que antes parecía imposible ahora es un hecho, incluyendo el tema de la tecnología aplicada al espionaje en las altas esferas del gobierno. Aquello que le costó el cargo al Presidente de la nación más poderosa del planeta en el sonado caso del Watergate, es ahora una rutina simple que desenmascara la vida privada y pública de un mandatario, de un ministro, de un periodista, de un juez, en fin, de todo aquel que merezca ser “pinchado”.

    La ley penaliza estos actos, sin embargo, en Panamá, cuando esto ocurre, surgen tantos escándalos y de tal magnitud, que no queda espacio para investigar a los “pinchadores”, y todo el esfuerzo se consume en investigar los desmanes de los “pinchados”.

    Lo cierto es que, así como los seres normales debemos tener cuidado con las cámaras ocultas y los arrebatados influencers callejeros, los gobernantes la tienen bien difícil si pretenden trajinar a costa del poder que les otorga el cargo. Todos están en la mira, ya nada está oculto entre las sombras. Sean serios.