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Judíos celebran su Año Nuevo

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La Torá está formada por los 5 primeros libros del Antiguo Testamento.

El calendario judío – como cualquier otra forma de organizar el tiempo – tiene su propio ritmo e intenta guiarnos por la vida acorde al legado de nuestra tradición. Una de sus particularidades es que se trata de un calendario solilunar en donde la luna define los meses (la luna nueva marca el inicio del mes) y el sol  las estaciones. El calendario gregoriano es únicamente solar y esto genera una pequeña diferencia por lo que las festividades judías caen siempre en fechas diferentes, pero dentro de un rango de tiempo determinado.

Toda esta introducción técnica, viene a cuento ya que durante mediados de septiembre y principios de octubre tenemos mucha actividad con tres festividades sumamente significativas. Rosh Hashaná es el año nuevo judío. (Este año es del 13 al 15 de septiembre) que da inicio al año 5776 del calendario judío.

Esta cuenta de los años se refiere al tiempo transcurrido desde la creación del mundo hasta nuestros días de acuerdo al relato de la Torá (Pentateuco) y siguiendo con el resto de la Biblia Hebrea.

Es un conteo simbólico -no debemos tomar esa cifra como una verdad científica -que viene a reafirmar uno de los conceptos centrales de la festividad: el año nuevo es también el día del juicio divino. El “cumpleaños” del mundo conlleva la evaluación de sus criaturas.

Durante los días de la fiesta de Rosh Hashaná (el 1 y 2 del mes hebreo de Tishrei) se toca en la sinagoga el Shofar, un cuerno de carnero. Su sonido penetrante viene a sacudir nuestra comodidad recordándonos que debemos ser mejores personas. El veredicto del juicio divino no es inmediato. Llega algunos días más tarde, el 10 de Tishrei que es Yom Kipur, el Día de la Expiación. La jornada más solemne del año. Un día de ayuno total, (ni comida ni bebida), en donde intentamos someter a nuestros instintos para enfocarnos en lo espiritual.

Durante todo este periodo conocido como “los diez días de arrepentimiento” intentamos demostrar a Dios (y fundamentalmente a nosotros mismos) nuestro deseo de cambiar, de corregir aquellas cosas que hicimos mal. Una de las frases de la liturgia resume el espíritu de esta época: “El arrepentimiento, la plegaria y las acciones de Tzedaká (Justicia Social) son capaces de modificar la sentencia divina.”

Culminamos exhaustos física y espiritualmente Yom Kipur pero hay que reponerse rápido. 5 días después, el 15 de Tishrei comienza la celebración de Sucot, la Fiesta de las Cabañas, donde evocamos la travesía de 40 años de  nuestros antepasados por el desierto.

Durante esta fiesta habitamos en Sucot, (cabañas) y somos víctimas de la inclemencia del tiempo, del calor y de la humedad. Sucot también tiene un  componente agrícola. Se agradecía a Dios por la cosecha recolectada y se pide por lluvia, indispensable para renovar el ciclo de la naturaleza.

En la diáspora festejamos Sucot por 9 días (En Israel son 8). El último es también Simjat Torá una celebración en donde finalizamos el ciclo ritual de la lectura de la Torá (a lo largo del año cada semana se lee un pasaje en forma secuencial) y lo comenzamos nuevamente. En la sinagoga bailamos y nos regocijamos con los rollos de la Torá.

Como ven, hay mucha intensidad. En un período de poco más de 3 semanas pasamos por tres fiestas muy importantes de nuestro calendario.

Apreciado lector, aprovecho para desearle un ¡Shaná Tová!, un buen año, con muchas bendiciones.

 Lo esencial