Costa del Este News

Janucá: Trayendo luz

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| Foto: Cortesía

Por: Rabino Gustavo Kraselnik. KSI

El ritual central de la fiesta de Janucá es el encendido de las velas. Comenzando la primera noche con una vela, se va añadiendo una más cada día, hasta llegar a 8 la jornada final de la celebración.

La Janukía (candelabro de Janucá que tiene nueve brazos) debe colocarse junto a la ventana ya que el objetivo de la luz de las velas es “difundir el milagro”, por lo cual no pueden ser usadas para iluminar.

 

La Janukía es el candelabro especial de Janucá. Tiene 9 brazos | Foto: Cortesía | Foto: Cortesía

Sin embargo, la tradición plantea que no fue uno el milagro ocurrido sino al menos dos. El primero relacionado con el triunfo de los macabeos, contra las fuerzas seléucidas (que contaban con el apoyo de la dirigencia sacerdotal) y el segundo asociado con la vasija de aceite que iba a alcanzar para solo un solo día, y duró 8.

El relato de los acontecimientos históricos aparece en los libros Macabeos I y II (dos libros diferentes que no forman parte del canon bíblico judío). Allí se nos cuenta la gesta de un pequeño grupo periférico que con apoyo popular y mediante una guerra de guerrillas logra derrotar a las poderosas fuerzas helenizantes, que habían profanado el Templo de Jerusalem y querían impedir la práctica del judaísmo.

Tras recuperar el control del Templo, los macabeos proceden a su purificación para reinaugurarlo (la palabra Janucá significa “inauguración”) el día 25 del mes de Kislev, y allí aparece el segundo milagro de Janucá. Nos cuenta el Talmud, que al querer encender la Menorá (el candelabro de siete brazos que había en el Templo) los macabeos encontraron solo una vasija de aceite apto ritualmente para encenderla. Con esa cantidad solo podía iluminarse un solo día y se necesitaban ocho hasta conseguir nuevo aceite. “Milagrosamente” (ya sea por la intervención de Dios o por la administración eficiente del combustible) el aceite duró ocho días permitiendo que la Menorá permaneciera siempre encendida. Por esa razón, la celebración de Janucá se prolonga por ocho días.

En la conciencia histórica del pueblo judío, ambos milagros se combinan. La victoria de los Macabeos en su lucha por la libertad religiosa da testimonio de la convicción que surge de los ideales y el aceite que se prolonga más allá de los esperado reafirma nuestro compromiso con las causas justas aun cuando no estemos seguros del resultado final.

Las velas de Janucá al “difundir el milagro”, refuerzan nuestra identidad y nuestra fe en Dios, así como el compromiso con la plena realización espiritual de cada ser humano. Nos recuerdan nuestro derecho a ser quienes somos a la vez que debemos reconocer ese mismo derecho en los demás.

El drediel o Sevivón se juega durante la celebración | Foto: Cortesía

En palabras del rabino Jonathan Sacks: “Janucá se trata de la libertad de ser fieles a lo que creemos sin negar la libertad de los que creen lo contrario. Se trata de encender nuestra vela, mientras no nos amenace ni amenace la vela de nadie más.”

En ese sentido Janucá se vuelve una festividad muy relevante para nuestros tiempos. Su mensaje debe atravesar nuestra experiencia e inspirarnos a construir una sociedad que respete y celebre las diferencias. Traigamos luz al mundo.

¡Jag Haurim Sameaj, feliz fiesta de las luces, feliz Janucá!