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Miembros de KSI visitan Arquidiócesis de Panamá a propósito del nuevo año judío

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En Rosh Hashaná se suele comer manzana cocida con azúcar o sumergida en miel, lo cual augura un año dulce o al menos, el deseo de que así sea. La Congregación KSI obsequió una tarta de manzana a Monseñor Ulloa.

Como ya es habitual,  todos los años los miembros de la Congregación Kol Shearith Israel, liderados por el rabino Gustavo Kraselnik, visitan la Arquidiócesis de Panamá, en ocasión de aproximarse las fechas en que esta comunidad celebra el  año nuevo judío.

Monseñor José Domingo Ulloa, los recibió horas antes de partir a Israel.  El rabino aprovechó para desear   que se desarrolle con todo éxito la próxima Jornada Mundial de la Juventud 2019, mientras  que  Monseñor  expresó sus buenos augurios para el nuevo año.

Según explica el rabino Kraselnik, en Rosh Hashaná  cada criatura debe dar cuenta de sus acciones.

Los Días Reverenciales (Por Gustavo Kraselnik)

En español nos acostumbramos a la expresión “Altas Fiestas”, (una traducción del inglés High Holidays) para referirnos a las celebraciones más importantes del calendario judío, Rosh Hashaná y Yom Kipur; pero el hebreo es mucho más expresivo, las denomina “Yamim Noraim”, los Días Reverenciales.

Un periodo de diez días contiene a ambas fechas. El 1 y 2 del mes de Tishrei del calendario judío (10 y 11 de septiembre este año) es Rosh Hashaná y el 10 del mismo mes es Yom Kipur (el 19 de septiembre). Ambas jornadas están unidas por la noción del juicio divino.

Los sabios de la tradición judía nos enseñan que en el año nuevo (Rosh Hashaná) el mundo fue creado y por lo tanto ese día cada criatura debe dar cuenta de sus acciones. Así como un general pasa revista a su tropa, de igual forma Dios revisa nuestras acciones. A esta fiesta se la denomina también Yom Hadin, el día del juicio.

Tres libros celestiales son abiertos en esta jornada: el Libro de la Vida donde se registran los justos; el Libro de la Muerte donde se inscriben los malvados y un tercer libro, el de los intermedios, donde quedamos anotamos casi todas las personas. Aquellos que están en los primeros dos libros, su veredicto es instantáneo. El resto, debemos esperar hasta Yom Kipur.

Por eso, desde Rosh Hashaná hasta Yom Kipur tenemos los diez días de Teshuvá, de arrepentimiento. Este es un tiempo en donde profundizamos en la plegaria, en el reconocimiento de los errores cometidos (y el compromiso de no repetirlos), y en nuestras acciones de Tzedaká, de solidaridad y ayuda al necesitado. Todo esto como testimonio de nuestro deseo de transformarnos en mejores personas. Queremos demostrarle a Dios (y a nosotros mismos) que tenemos la voluntad de tratar de perfeccionarnos.

Y llegamos a Yom Kipur, el día de la expiación (mal llamado del perdón) una jornada de ayuno total (ni comida ni bebida por 25 horas) en donde nos enfocamos en nuestra espiritualidad. La intensidad de la plegaria apunta a que podamos abrir nuestros corazones y expresar nuestro arrepentimiento, aprovechando que en ese día las puertas de los cielos están abiertas de par en par.

Culminamos la jornada exhaustos física y espiritualmente, con la esperanza de haber sido inscriptos en el Libro de la Vida por otro año más, y decididos a cambiar y a poner en práctica el compromiso de ser mejores versiones de nosotros mismos.

Como ninguna otra oportunidad en el año, Rosh Hashaná y Yom Kipur nos colocan frente a Dios, sin posibilidad de escondernos ante Su presencia. Allí radica la majestuosidad de estos días y de allí que sean “reverenciales”. Tenemos la sensación de estar parados frente a Dios para asumir la responsabilidad por nuestras acciones.

Dios es justo – de allí la necesaria humildad para reconocer nuestros errores – pero también misericordioso y a esa cualidad nos aferramos para aspirar a Su perdón y a la posibilidad de una renovación para vivir una vida más profunda, con más significado.

Con Rosh Hashaná comienza un nuevo año, el 5779 del calendario judío, reciba usted, apreciado lector, mis mejores deseos, con salud, paz y prosperidad para todos. ¡Shaná Tová! Un buen año.

¡Shaná Tová Umetuká!