Los carnavales panameños se iniciaron oficialmente en el verano de 1910, y eran auspiciados por la élite criolla del Club Unión. Había una solemne coronación de la reina y su corte con muchos lujos y pompas. Toda la ciudad se tornaba un carnaval donde el jolgorio del Dios Momo era muy divertido con música sencilla al compás del tambor, adornada con confeti y serpentina y finalizando con un gran desfile de carros alegóricos. La jovial fiesta se realizaban con mucho afán y desorden durante los cuatro días, pero sanamente y prevalecía el respeto y la moralidad hasta el entierro de la sardina.

Estos carnavales fueron perdiendo fuerzas y para los años de 1950, mientras los capitalinos se convirtieron en una fiesta muy popular. Se iniciaban con la izada de la bandera del carnaval en diferentes lugares de la ciudad. Igualmente nacieron los famosos “toldos” que eran sencillos solares acordonados para controlar el acceso del pueblo.

Los bailadores permanecía parada esperando los “set” de músicas tocados por los mejores grupos musicales del patio, como: Armando Boza y Avelino Muñoz. Igualmente llegaban a Panamá las grandes orquestas de Cuba y Puerto Rico, como el Rafael Cortijo y su combo y la Sonora Matancera, cantando, Daniel Santos, Carlos Argentino, Alberto Beltrán y Nelson Pinedo y luego el Gran Combo entre otros.

En los años 50, los carnavales eran organizados por una Junta de Carnaval y las reinas eran escogidas por la cantidad de dinero recaudado por sus seguidores.

Otra característica de los carnavales de la década de 1950 fue que los carnavales eran organizados por una Junta de Carnaval y las reinas eran escogidas por la cantidad de dinero recaudado por sus seguidores. Este estilo de carnavales tuvo su época de oro entre 1956-1960. Durante esos años nació la famosa “Domitila” (por la famosa canción Domitila) que era una enorme mujer de varios metros de alto vestida de montuna panameña que era llevada a todos los desfiles de los carnavales abordo de un “Jeep” militar (usualmente prestado por el ejército acantonado en la otrora Zona del Canal). También en esta época proliferaron las famosas comparsas que caminando escoltaban los desfiles de carros alegóricos.

En 1960, a los 50 años de Carnavales en Panamá, se bautizaron y celebraron los  “Carnavales de Oro”, con la participación de ocho reinas. Con estos apoteósicos carnavales del cincuentenario, se puede afirmar que fue desapareciendo este estilo de carnaval.

Las autoridades de turismo de Panamá en rueda de prensa informaron detalles de las actividades 2015
Las autoridades de turismo de Panamá en rueda de prensa informaron detalles de las actividades 2015

Otros Carnavales que se recuerdan fueron los que organizó Enrique “Quique” Rogers en la década de 1970. El gobierno del presidente Eric Arturo Delvalle (1985-1988) regresó los Carnavales capitalino a manos del IPAT, con el siempre recordado Alberto García de Paredes y el decidido apoyo incondicional de la empresa privada.

Muy en la memoria de los panameños fue el de 1986 llamado del “Diamante”, que organizó Ricardo Gago Salinero siendo soberana Julieta Barriga (q.e.p.d) y el “Carnaval Tropical” de 1987, cuya reina fue la hoy, primera dama de la república, la joven Lorena Castillo y que emprendió el industrial Roberto Pascual junto a una junta directiva de lujo compuesta por: Ricardo Durán, Mariela Sagel y Antonio “Tony” Niño. Otros dos asociado a la junta fueron: Samuel Lewis Navarro y Luis “Lucho” Rodríguez.

Ya pasada la invasión, en 1990, no hubo carnavales por razones obvias y entrado el siglo XXI los Carnavales en la ciudad capital, a pesar de haber recibido grandes sumas de dinero para sus organizaciones, ejecuciones y todo el apoyo gubernamental para atraer turismo internacional, los mismos han ido decayendo drásticamente en cultura y moralidad, incluyendo la perdida de las sanas tradiciones  carnestolendas de la capital.

Una muestra de esa decadencia fue la celebración de los “Carnavales Centenario”: pasaron casi desapercibidos y su comparación con los primeros de 1910 y del cincuentenario 1960, son muestras palpables de lo que consignado anteriormente. Los Carnavales de hoy se pudieran resumir que, son grandes “mojaderas” acompañados de esa música de alto ruido sin armonía para el oído y actos que más que diversión atentan contra la moral pública y mal ejemplo para la niñez panameña.

Sin embargo, hay que destacar que los Carnavales del interior del país han mantenido sus tradiciones y costumbres de más de 100 años y cada día mejoran; aunque la infiltración de las costumbres inmorales de la capital, se quieren tomar algunas plazas interioranas y eso, no lo deben permitir las autoridades municipales.