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Jueza comunitaria Lissette Sáenz: “La educación es el pilar de la justicia”

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Egresada de la Universidad Santa María la Antigua, con tres especializaciones en derecho, Lissette Arelys Sáenz López, abogada y ex corregidora nocturna es la primera jueza de paz comunitaria para el corregimiento de Bella Vista.

 Texto y fotos: Andreína Rodríguez González

Pionera en la corregiduría nocturna, la abogada Lissette Sáenz abre un nuevo esquema en la historia de la justicia del país al convertirse en una de las primeras juezas de paz comunitaria para el corregimiento de Bella Vista.

Luego de 10 años como asesora legal en la banca y dos más como litigante, se incorporó en 2015 al departamento de Legal y Justicia del Municipio de Panamá para ejercer su vocación en Derecho de Familia, Niñez y Adolescencia.

Cursando actualmente un post grado en docencia superior, sostiene que la enseñanza y formación de hogar son los pilares en los que se sustenta la justicia.

“Impartir buena educación es construir ciudadanía, porque de ella depende que se pueda erradicar la violencia en la comunidad al brindar herramientas eficaces de entendimiento, desarrollo y sustento a las generaciones de relevo”.

Su primer proyecto

De personalidad paciente y verbo didáctico, la abogada muestra una nueva faceta asequible que inunda el despacho donde antes operaba la corregiduría y que ahora se hace llamar Casa de Paz Comunitaria de Bella Vista.

“Mi primer objetivo es iniciar una campaña de información sobre los beneficios de la resolución alterna de conflictos a la calidad de vida de la comunidad”.

Bella Vista guerrera

Entre las cualidades sociales, Sáenz destaca la “participación intensa y activa” de los residentes para hacer valer sus propuestas. “Los bellavistinos son exigentes, perseverantes y con un gran sentido de pertenencia, virtudes de las que se puede sacar provecho para sumar voluntades en favor de impulsar iniciativas para el desarrollo del corregimiento”.

Aceras, ruidos y escuelas

Su experiencia en fiscalización nocturna en los últimos tres años le dio luces sobre el camino que debe transitar para alcanzar la meta de optimizar la convivencia.

El primero de ellos es abordar el tema de respeto a los horarios de operaciones de construcciones y comercios nocturnos, siendo las denuncias por ruido “la constante” en las noches de Bella Vista. “¿Cómo se puede esperar un ambiente de concordia en una comunidad que no logra descansar?”, reflexiona.

Aunque también aclara que se ha reducido la incidencia de este tipo de reportes, considera que el esfuerzo aún depende de los operativos de inspectoría y no de un cambio sincero en la actitud de los comerciantes involucrados.

Aunado a esto, las faltas por usurpación de aceras serían el resultado de una “falta de valores”, según su criterio. De allí parte su propuesta de mantener visitas continuas a las escuelas como principal puerta a la transformación social.

Ventajas femeninas

Como mujer, Lissette Sáenz se considera “aventajada” para ejercer la Justicia de Paz Comunitaria. “Las mujeres tenemos un rol más completo: contamos con el lado humano más desarrollado”, sostiene.

Según considera, la empatía se convierte en el factor fundamental del oficio que permite lograr entender el origen real de las necesidades de cada parte con lo que puede llegar a establecer soluciones más pertinentes a cada caso.

2018: año de reconciliaciones

Entre los propósitos para este nuevo año, la Justicia de Paz Comunitaria inicia en Ciudad de Panamá teniendo como objetivo principal contribuir a la “reconstrucción del tejido social” del país.

Durante sus primeros 100 días como jueza, Sáenz pretende fomentar la conformación de círculos de debate en, al menos, tres tópicos principales: “vecinos y comerciantes; padres y maestros, y clientes y vecinos”, detalla.

“Como primer paso para recuperar el entendimiento veo imprescindible la organización permanente de reuniones comunitarias y que vean en el diálogo la principal forma para disolver discrepancias”.