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Alberto De La Guardia, juez de paz de Ancón: “No hay riqueza que se compare al honor de servir a tu país”

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Juez de Paz Comunitario de Ancón Alberto De La Guardia.

 

 Texto y fotos: Andreína Rodríguez González

El dueño de una firma de abogados con 20 años de trayectoria y ex gerente de una concesionaria Alpha Romeo, asume este 2018 el reto de legislar desde la Casa de Paz Comunitaria del corregimiento de Ancón.

Alberto De La Guardia es socio de la firma De La Guardia – Reina, que ofrece servicios de asesoría legal en los campos penal, familia y civil, mercantil y sobre el Código Administrativo. Asegura conocer integralmente todas las áreas del derecho panameño. “Más que sacrificio, es un honor poder tener la oportunidad de contribuir a fortalecer las instituciones democráticas del país sirviendo de soporte al entendimiento de nuestra comunidad”, afirma.

De principios democráticos

 Creyente de la justicia basada en el principio de la igualdad, se sintió atraído por el cambio de paradigma de regulación de la justicia por un corregidor policial a un funcionario con idoneidad en derecho, dispuesto a mediar entre las partes.

“Brindar la oportunidad de que las partes en conflicto logren llegar a acuerdos por sus propios medios es esencial para mantener el tejido social de una comunidad. Lo que se había pasado por alto es lo fundamental: siempre vamos a ser vecinos”.

Éste sería el principal motivo por el que De La Guardia rechaza el uso de sanciones por considerar que no corrige el fallo sino que, por el contrario, “abre aún más la brecha entre los afectados”.

La Casa de Paz Comunitaria se ubica en la calle David D. Gallardo de Balboa, a pocos metros del Edificio de la Autoridad del Canal de Panamá, en la antigua sede de la corregiduría de Ancón.

Trayectoria en Derechos Humanos

 Miembro del Club Kiwanis y respaldado por la congregación del Colegio Javier, sus maestrías en Derechos Humanos y en “Mediación Alterna de Conflicto”, le valieron para alcanzar la más alta calificación entre los aspirantes del distrito.

Con más de siete años residiendo en la barriada de Clayton, asegura conocer de cerca los pormenores de las inquietudes vecinales en los diferentes sectores del corregimiento.

“Antes que juez, soy residente y desde esa perspectiva evalúo el alcance de mis acciones”, dice De La Guardia, estimando como trascendente reconocer la principal misión de todo ancoeño.

“Estoy consciente de que debo partir por ser el garante de la sostenibilidad y respeto de las Áreas Revertidas. Somos el pulmón de la capital del país y con eso de fondo, cualquier decisión se deberá mantener subordinada”.

Corregimiento excepcional

Teniendo Ancón la particularidad especial de ser epicentro de la principal fuente de ingresos del país, como lo son el Canal de Panamá y los principales puertos de la capital, De La Guardia estima fundamental el entendimiento social.

“Es imperante velar porque el desarrollo económico de la nación vaya en armonía con el desenvolvimiento natural de sus comunidades. Significa crear un ambiente en el que se garantice el desarrollo económico a los inversionistas sin avasallar al vecino”, explica.

Objetivo: Justicia restaurativa

Éste sería el principal objetivo como encargado de la justicia de paz comunitaria: restablecer las relaciones entre ambos agentes, comunidades e industria, para encontrar un punto de equilibrio que permita un crecimiento en conjunto.

Paralelamente, Ancón también goza del privilegio de cobijar los principales centros culturales y de estudio como el Museo de Arte Contemporáneo, el Biomuseo, el Instituto Smithsonian y la Ciudad del Saber.

“El sector cultural es un valor agregado del que se debe sacar provecho en favor de la comunidad al servir como punto de encuentro y concordia entre todos quienes, de una forma u otra, hacen vida en el corregimiento”.

Responsabilidades claras

Para De La Guardia, la labor que viene a ejercer en su próxima década de trayectoria tiene como fin último comenzar una nueva etapa en su carrera profesional.

Como aspirante a la magistratura de la república estima como “imperiosa necesidad del país” de poder reducir el índice de violencia como base para el progreso integral de la nación. “Somos el primer filtro de la justicia panameña y de nuestro trabajo depende reducir la mora que padece el sistema judicial, contribuyendo además a sanar el tejido social para disolver de raíz la semilla de los conflictos sociales”, asegura.