El sentir del panameño hacia su Carnaval

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Los carnavales panameños se iniciaron oficialmente en el verano de 1910, y eran auspiciados por la élite criolla del Club Unión. Había una solemne coronación de la reina y su corte con muchos lujos y pompas. Todo el jolgorio del Rey Momo era muy divertido con música sencilla al compás del tambor, adornada con confeti, serpentina y finalizando con un gran desfile de carros alegóricos. La jovial fiesta se realizaba con mucho afán y desorden durante los cuatro días, pero sanamente, y prevalecía el respeto y la moralidad hasta el entierro de la sardina.

Estos carnavales fueron perdiendo fuerza para los años ´50, mientras los capitalinos se convirtieron en una fiesta muy popular. Se iniciaban con la izada de la bandera del Carnaval en diferentes lugares de la ciudad. Igualmente, nacieron los famosos “toldos” que eran sencillos solares acordonados para controlar el acceso del pueblo.

Los bailadores permanecían parados esperando los “set” entonados por los mejores grupos musicales del patio, como: Armando Boza y Avelino Muñoz. Igualmente llegaban a Panamá las grandes orquestas de Cuba y Puerto Rico, como el Rafael Cortijo y su combo y la Sonora Matancera, cantando Daniel Santos, Carlos Argentino, Alberto Beltrán y Nelson Pinedo,  entre otros.

Una Junta de Carnaval organizaba el evento y las reinas eran escogidas según la cantidad de dinero recaudado por sus seguidores. Nació en ese entonces la famosa “Domitila” que era una enorme mujer de varios metros de alto vestida de montuna panameña y desfilaba a bordo de un “Jeep” militar (usualmente prestado por el ejército acantonado en la otrora Zona del Canal).

Otros carnavales que se recuerdan fueron los que preparó Enrique “Quique” Rogers en la década del 70 y los de 1986 llamados del “Diamante”, organizados por Ricardo Gago Salinero siendo soberana Julieta Barriga (Q.E.P.D). El “Carnaval Tropical” de 1987 fue memorable. La reina de entonces, es la hoy primera dama de la república, Lorena Castillo. La logística fue emprendida por el industrial Roberto Pascual con una junta directiva de lujo, compuesta por Ricardo Durán, Mariela Sagel y Antonio “Tony” Niño. Otros dos asociados fueron Samuel Lewis Navarro y Luis “Lucho” Rodríguez.

Ya pasada la invasión, en 1990, no hubo festejos por razones obvias y entrado el siglo XXI los carnavales en la ciudad capital, a pesar de haber recibido grandes sumas de dinero para sus organizaciones y todo el apoyo gubernamental para atraer al turismo internacional, fueron decayendo drásticamente en cultura y moralidad, incluyendo la perdida de las sanas tradiciones carnestolendas. Una muestra de esa decadencia fue la celebración de los “Carnavales Centenario”: pasaron casi desapercibidos.

Los de hoy se resumen en grandes “mojaderas”, acompañados de esa música de alto ruido sin armonía para el oído y actos que más que diversión atentan contra la moral pública y mal ejemplo para la niñez. Sin embargo, hay que destacar que en el interior del país se mantienen las tradiciones y costumbres de más de 100 años y cada día mejoran; aunque la infiltración de lo más mundano de la capital, se quiere tomar algunas plazas interioranas.

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Directora editorial de Alpha Grupo Editorial, experta en medios de comunicación social, con una trayectoria de más de 20 años en periódicos, canales de televisión, revistas y en áreas de la comunicación corporativa.