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EDITORIAL. El zika se nutre de la apatía

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A pesar de las medidas tomadas por las autoridades sanitarias, entre las cuales se incluye la declaración de alerta y las medidas de control en fronteras y aeropuertos, la propagación de los casos de zika en Panamá siguen a un ritmo alarmante sin que se perciba de manera determinante la preocupación real y la acción activa de muchos sectores importantes de la sociedad, incluyendo a políticos, empresarios, organizaciones civiles, instituciones públicas, privadas y medios de comunicación.

Aunque se trata de una situación que involucra a muchos países, sobre ella priva el accionar de cada uno a lo interno, de manera que cada nación se hace responsable por garantizar un cerco lo suficientemente efectivo para erradicar el mal y evitar la propagación. El detalle es que esto se logra con la participación de todos, las autoridades sanitarias aplican sus medidas preventivas y curativas, hacen sus análisis y proyecciones para desarrollar sus planes, la otra parte corresponde a la comunidad y están enfocadas en un aspecto clave: eliminar los criaderos de mosquitos.

Mientras el total de la población, y en ello incluimos a los sectores antes mencionados, no se sensibilice ante la gravedad de este problema y se inicie una verdadera campaña de concienciación, participación activa y corrección de situaciones críticas, los avances seguirán siendo imperceptibles. La propagación del mal en el distrito capital así lo demuestra, y no por ser capital, sino porque se supone que las condiciones sanitarias en esta área son superiores a la de las comarcas, sin embargo, el área metropolitana no está exenta de las estadísticas.

La eliminación de los criaderos domésticos es una responsabilidad individual que debe ser asumida en familia y su omisión debe ser duramente sancionada por el Estado. Los criaderos en lugares públicos como parques y plazas corresponden a las autoridades locales y a los propios vecinos, mientras que las áreas aledañas a quebradas por donde se desechan aguas negras deben ser sometidas a un régimen especial de control y fumigación.